Hoy, 16 de octubre, es el Día Mundial de la Alimentación.
Hablamos de comida, de acceso y de cuidados. Y detrás de cada una de esas palabras hay una profesional que escucha, decide y acompaña en consulta.
¿Cómo celebrarlo desde tu consulta? Con sesiones preparadas, que dejan espacio para escuchar a quien tienes delante.
Empecemos por una mañana cualquiera:
Son las 9:45. Tu paciente llega a las 10:00 y aún no sabes qué herramienta vas a usar.
Revisas el caso y las notas que tomaste en la sesión anterior. Abres el ordenador, buscas, dudas, cambias de idea. A las 10:03 ya estás improvisando.
Te pasa a ti y nos pasa a todas (o nos pasaba). Por eso, hemos ordenado el camino en 5 PASOS que te llevan de lo que cuenta la persona a la herramienta que sostendrá la sesión: demanda → objetivo → intervención → herramienta → seguimiento.
Léelo una vez y úsalo en cada consulta.
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¿Por qué conviene preparar la sesión?
(aunque ya tengas experiencia)
Preparar no significa cerrar un guion. Significa llegar a la consulta con una brújula, para que la conversación pueda moverse sin que pierdas el foco.
Cuando improvisas, decides con prisa.
Cuando te preparas la sesión puedes decidir con más calma y criterio; y dejas más espacio para escuchar, que es justo lo que más necesita tu paciente durante este tiempo juntos.
El MÉTODO para preparar tus sesiones en 5 pasos:
1. DEMANDA: escucha lo que trae la persona.
La demanda es el motivo por el que la persona te elige hoy. A veces llega con una frase clara («me han diagnosticado esófago de Barrett») y a veces con una intención difusa («quiero aprender a organizarme con la comida»).
Antes de la sesión, relee el caso y pregúntate:
- ¿Qué pidió la última vez?
- ¿Qué ha cambiado desde entonces?
- ¿Qué necesita de mí en esta sesión?
Escribe la demanda en una frase. Si no cabe en una frase, aún no la has afinado lo suficiente.
2. OBJETIVO: exponlos y que lo elija la persona contigo
Un objetivo claro orienta toda la sesión. Uno solo, concreto y acorde con lo que la persona quiere y puede sostener hoy.
En una consulta no pesocentrista, el objetivo habla de hábitos, síntomas, relación con la comida, autonomía o bienestar. El peso queda fuera de la ecuación.
Pregúntate: ¿qué querría llevarse esta persona al salir por la puerta?
3. INTERVENCIÓN: decide qué vas a hacer tú
La intervención es tu parte: explorar, educar, acordar, acompañar, derivar. Elige el verbo antes que la herramienta. Por ejemplo:
- Explorar qué se interpone entre la intención y la acción.
- Educar sobre una patología o sobre cómo leer una etiqueta.
- Acordar un cambio pequeño y realista.
Cuando tienes claro qué vas a hacer, encontrar la herramienta es sencillo (de esto nos encargamos nosotras 😉).
4. HERRAMIENTA: elige el apoyo que sostiene la intervención
Los recursos convierten tu intervención en algo que la persona puede ver, completar y llevarse a casa. Una buena herramienta ahorra tiempo en sesión y le da a tu paciente algo concreto a lo que volver.
Elígela con tres preguntas:
- ¿Responde a la demanda de hoy?
- ¿Encaja con el objetivo y con mi intervención?
- ¿Puede la persona usarla con autonomía después?
Si las tres respuestas son sí, ¡ya tienes herramienta!
5. SEGUIMIENTO: decide cómo vas a mirar qué ocurre
Prepara el seguimiento antes de terminar la sesión, mientras la persona sigue delante de ti.
Define con ella:
- Qué va a probar hasta la próxima cita.
- Qué vas a revisar tú en la siguiente sesión (qué llevó a la práctica, qué dificultad apareció, qué necesita ajustar).
- Cómo y cuándo volvéis a citaros.
Seguir es observar lo que pasa en la vida real de la persona y ajustar con ella. De eso va “acompañar”.

Un ejemplo práctico:
Imagina a Lucía. En la primera sesión te dice: «Quiero comer más ordenada, pero empiezo y a la semana lo dejo».
Así lo recorres:
- Demanda: Lucía quiere sostener un cambio que ya intentó varias veces.
- Objetivo: elegir un cambio concreto y entender qué lo frena.
- Intervención: explorar con curiosidad qué ocurre entre la intención y la acción.
- Herramienta: <<RE-CAMBIO>>, que ayuda a identificar los cambios u objetivos que no llegan a la práctica, a explorar su importancia y sus obstáculos y a reformularlos de forma estructurada. Si en la conversación aparecen “excusas”, el <<Detector de excusas>> puede ayudar a mirar lo que hay detrás: dificultades, miedos, necesidades y barreras, sin culpa.
- Seguimiento: en la siguiente sesión revisáis qué parte del cambio reformulado pudo llevar a cabo Lucía y qué obstáculo apareció.
En 5 pasos has pasado de una frase suelta a una sesión con sentido y con continuidad.
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Cuéntanos en comentarios: ¿en cuál de los 5 pasos te sueles quedar atascada?
Con cariño,
El equipo de NOOLS

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