Cada vez es más habitual que los pacientes jóvenes lleguen a consulta con ideas muy claras sobre cómo “deberían” comer, entrenar o verse. Este tipo de mensaje no siempre viene de profesionales sanitarios ni de su entorno cercano, sino de redes sociales donde los contenidos sobre alimentación, cuerpo y salud se consumen a diario, de forma rápida y sin apenas filtro.
Los llamados “influencers fit” tienen un papel clave en este escenario. A través de vídeos aparentemente motivadores o educativos, transmiten normas, miedos y expectativas que influyen directamente en la relación con la comida de sus espectadores.
Acompañar en este contexto requiere comprensión,fomento del pensamiento crítico y herramientas que permitan desmontar mensajes sin generar confrontación.
Entender el contexto digital en el que vivimos
Para muchos adolescentes y adultos jóvenes (y cada vez más niños, sin control parental), las redes sociales no son solo entretenimiento, sino una fuente principal de información. En ellas encuentran referentes, modelos a seguir, consejos alimentarios y estilos de “vida saludable” que se presentan como alcanzables, aunque en muchos casos no lo sean.
Antes de intervenir, es importante interesarse genuinamente por lo que consumen en redes. Preguntar qué cuentas siguen, qué tipo de mensajes les llaman la atención o qué contenidos les generan malestar permite entender desde dónde se está construyendo su relación con la comida.
Frases como: “¿Qué tipo de vídeos sobre alimentación te suelen aparecer?” o “¿Cómo te hacen sentir esos contenidos?” abren la conversación sin juicio y ayudan a crear un espacio seguro.
Identificar los mensajes problemáticos más frecuentes
Muchos contenidos de influencers fit comparten una base común: simplifican la salud, glorifican la restricción y el control y asocian el valor personal al cuerpo. Esto puede traducirse en conductas como miedo a determinados alimentos, rigidez en horarios, culpa tras comer “fuera de lo planeado” o comparación constante (todos ellos factores predisponentes (entorno social), precipitantes (cambios en la adolescencia) y perpetuantes (dieta anormal, cambios en el peso, cambios psicológicos…) relacionados con los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), cada vez más prevalentes a edades tempranas.
Además, es frecuente que estos mensajes vengan acompañados de cuerpos irreales, uso de filtros, edición o rutinas que no se muestran completas. El problema no es solo lo que se dice, sino lo que se normaliza.
Ayudar al paciente a poner nombre a estos mensajes es un primer paso para que deje de asumirlos como verdades absolutas y comience a cuestionarlos.
Desarrollar pensamiento crítico y ofrecer alternativas con apoyo visual
En lugar de desmentir directamente a los influencers o prohibir el consumo de redes, el objetivo es fomentar el pensamiento crítico. Enseñar a preguntarse quién hay detrás del mensaje, qué formación tiene, qué gana con ese contenido o qué interés hay detrás; si promete resultados rápidos… ayuda a que el paciente empiece a mirar con otros ojos.
Aquí es especialmente útil apoyarse en recursos visuales y educativos. Comparar mensajes simplistas con explicaciones más realistas, mostrar la diversidad corporal o explicar de forma clara por qué no existe una alimentación perfecta, permite que el paciente entienda sin sentirse atacado.
Un mensaje clave que suele funcionar es: “Que algo sea tendencia no significa que sea saludable para ti”; y un ejemplo práctico sería alguien que sigue la tendencia del running solo porque está de moda, cuando no se hace desde el disfrute del movimiento.
Acompañar sin prohibir y reforzar la alianza terapéutica
Prohibir redes sociales o desacreditar de forma directa a los influencers suele generar el efecto contrario al deseado. El paciente puede sentirse incomprendido o invalidado, especialmente si esos contenidos han sido importantes para él.
El acompañamiento pasa por integrar lo que el paciente ya consume, analizarlo juntos y ofrecer una visión más amplia. Proponer acuerdos como traer a consulta vídeos que generen dudas o reflexionar sobre cómo influyen ciertos contenidos en su estado de ánimo refuerza la alianza terapéutica.
Frases como: “No se trata de que dejes de seguir a nadie, sino de que puedas elegir qué mensajes te ayudan y cuáles no” transmiten respeto y autonomía.
Facilita tus sesiones y aborda la influencia de las redes sociales con recursos claros y actuales
Trabajar la influencia de las redes sociales en la relación con la comida implica explicar conceptos complejos, desmontar mitos muy arraigados y sostener emociones como la comparación o la frustración. Todo ello requiere tiempo y materiales que conecten con la realidad digital de los pacientes jóvenes.
¿Y si pudieras contar con recursos visuales que te ayuden a explicar el impacto de las RRSS sin caer en discursos alarmistas?, ¿y si tuvieras herramientas educativas para fomentar pensamiento crítico y diversidad corporal sin tener que crearlas desde cero?, ¿y si pudieras reforzar tu mensaje con materiales adaptados a jóvenes, claros y fáciles de integrar en consulta?
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