Un/a profesional de la nutrición sabe que la relación con la comida no es solo nutricional, sino también emocional. Por eso, es fundamental que en el espacio de consulta se aborde la alimentación desde una mirada compasiva, humana y realista.
En la consulta se suelen oír frases como:
- “Soy débil”.
- “Siempre empiezo bien, pero lo dejo”.
- “No tengo fuerza de voluntad”.
Estas afirmaciones no describen la realidad: describen la narrativa interna de la persona. Y esa narrativa, si es dura y castigadora, puede convertirse en el mayor obstáculo para el cambio.
¿Y si la fuerza de voluntad no fuera la clave?
El psiquiatra Judson Brewer afirma: “La fuerza de voluntad suele fallar porque no existe como la imaginamos”. La ciencia apoya esta idea: estudios como los de Todd Heatherton y Kathleen Vohs muestran que factores emocionales y contextuales influyen más en la conducta alimentaria que un supuesto “depósito” de autocontrol que podamos agotar o recargar.
Cuando alguien dice “no tengo fuerza de voluntad”, en realidad puede estar diciendo:
- “Estoy agotada.”
- “No tengo estrategias que me funcionen en este momento.”
- “Me siento sola en este proceso.”
Cambiar la mirada es esencial: no se trata de voluntad, sino de condiciones, apoyo y lenguaje interno; reducir el cambio de hábitos a una cuestión de “fuerza de voluntad” no sólo es simplista, también dañino.
Apoyarnos en el autodiálogo compasivo
El auto diálogo se refiere a la conversación interna que mantenemos con nosotros mismos, esa voz en nuestra mente que nos juzga y evalúa. Esa voz interna a veces es positiva y otras negativa, y esto influye en nuestra autopercepción.
Si pensamos que “todo depende de quererlo lo suficiente” se creará en nosotros un sentimiento de culpa cuando no logramos cambiar un hábito en un determinado tiempo o seguir una dieta.
Si como nutricionistas rompemos este esquema con un acompañamiento positivo, donde invitamos a identificar esa voz negativa y volverla un auto diálogo compasivo, los resultados pueden ser sorprendentes aún para la misma persona.
Puedes trabajar la voz crítica y la voz compasiva con la herramienta <<CompasiÓN>> de NOOLS con una dinámica sencilla pero poderosa que puede resumirse en 3 pasos: .
- Detectar: La persona anota frases automáticas que aparecen tras un “fallo”, recaída o momento difícil.
- Observar: Luego, se invita a leer esas frases con distancia, como si las dijera un tercero.
- Reescribir: Finalmente, se transforma ese mensaje en una versión compasiva, sin perder de vista la intención de cambio.
Por ejemplo:
❌»No tengo fuerza de voluntad, soy un desastre»
✅»Estoy agotada, y me cuesta sostener hábitos cuando me siento así. Necesito descanso y apoyo.»
Muchas veces, lo que una persona necesita no es un nuevo plan, sino aprender a hablarse bien.
Acompañar sin juicio
Puedes cambiar la narrativa negativa de una persona si abordas el caso desde un acompañamiento enfocado en inteligencia emocional aplicando:
- EMPATÍA – validar la experiencia de la persona sin minimizarla.
- MOTIVACIÓN – conectar con su “por qué” profundo.
- FLEXIBILIDAD – adaptar objetivos según su contexto y estado emocional.
- OPTIMISMO realista – mostrar que el progreso es posible, incluso con altibajos.
Un ejemplo de esto lo podemos ilustrar con las siguientes frases.
“Te mereces una relación más amable con la comida.”
“Te mereces cuidarte.»
“Te mereces dejar de pensar que estas fallando.»
El mito que necesitamos dejar atrás
Si las personas pueden reconstruir la forma en que se hablan así mismas, la afirmación prueba ser un mito. Cuando entendemos que el cambio de hábitos se logra desde el acompañamiento emocional, la conciencia y el cuidado.
El auto-diálogo compasivo le da dignidad y humanidad al proceso de cambio.
Cuando en consulta se valida la experiencia emocional, se fomenta la empatía y se habilita un lenguaje interno más amable, se logra establecer un mejor vínculo con la alimentación y con uno mismo.
Gracias por tu tiempo. y llegar hasta aquí.
Un fuerte abrazo.
El equipo de NOOLS.

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